
Porque me importan tus fuerzas o tus flaquezas,
desataré con dientes y rabia las ataduras
de piernas y brazos, hasta conseguir darte las mías.
Porque me enseñas o me rehaces sin quererlo,
sé que aunque las matemáticas fallan
y no siempre la línea recta me lleva a ti,
recorreré de igual manera la distancia hasta
que me sientas y tengas el abrazo querido.
Porque sabes que te quiero arriba,
volveré a ser la alocada joven sin cordura,
que sin arnés y sólo con sus manos y sus ganas,
subía La Pedriza y aunque en su desmedida
temeridad tirara al resto de la pandilla,
reiré de nuevo, para que escuches y te contagies
de mi risa y sepas que de nuevo volveré a escalar
una y otra vez hasta acompañarte
y juntos y callados, admirar el mundo.
Porque tu cosecha ha de ser tu alimento,
cosecho, y daré mis frutos como comida,
para así dejar intacta tu obra y recoger,
con el valor que tiene lo que se entrega,
las migas que dejas como el mejor regalo.
Porque mi luz puede no ser suficiente,
perdí mis miedos del amanecido y así,
noche a noche hago vigilia,
en la espera de que el sol renazca y traiga el día.
Dejé en el olvido la abandonada pamela,
los temores al calor del astro que contemplo,
sabiendo que su calor también será
el calor que te haga seguir el camino,
amigo, querido amigo.